viernes, 8 de noviembre de 2013


El mejor Servicio Postal, igual te enviaban un edificio que un niño


En 1913,  en EEUU se ponía en marcha el Servicio Postal. Los envíos de paquetes  mediante este servicio comenzaron a popularizarse y ello permitió estimular la economía rural, gracias a que los pequeños agricultores y comerciantes estadounidenses podían vender sus productos en cualquier punto del país. Hecha la ley, hecha la trampa. Vernal, una pequeña población perdida en Utah, estaba experimentado un rápido crecimiento y William H. Coltharp, un hombre de negocios, decidió que ya era hora de que su pueblo tuviese un edificio de ladrillo en el que, además, se abriría un banco. El problema era que la fábrica de ladrillos más cercana estaba en Salt Lake City, a casi 200 Km. de Vernal, y el transporte tradicional habría multiplicado por cuatro el precio de los ladrillos.

William H. Coltharp, tirando de ingenio y sabiendo que los precios de los paquetes postales eran muy bajos utilizo  el Servicio Postal para trasladar los 80.000 ladrillos que necesitaba para construir el edificio; respetando las normas del servicio -los ladrillos debían estar perfectamente embalados en cajas que no superasen las 50 libras (22,5 kg)- suponía enviar 40 cajas al día…Los carteros que sufrieron aquel suplicio, elevaron sus quejas ante el Director General, Albert S. Burleson. Éste, comprendió que los envíos de este tipo podían colapsar el servicio y, aunque permitió que se completasen todos los envíos de ladrillos, se modificaron las normas limitando los envíos a 90 Kg. por remitente y día.


Mediante este servicio también  se mandaban  frutas, mantequilla, verduras, pollitos… pero hay
 constancia de que también se llegaron a enviar dos niños por Servicio Postal. El 19 de febrero de 1914, según el National Portal Museum, uno de los paquetes más extraños fue el enviado en Idaho, de Grangeville a Lewiston, de 21,8 Kg… una niña de 4 años llamada May Pierstorff. Los padres de la niña decidieron enviarla con sus abuelos pero les parecía muy caro el billete del tren y, aprovechando una laguna en en la normativa del Servicio Postal, pagaron 53 centavos en sellos -pegados en su ropa- y la enviaron por correo. La niña viajó en el mismo tren pero en el vagón del correo y fue entregada en la casa de sus abuelos por un cartero llamado Leonard Mochel.


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